A mis queridos lectores:


Después de una larga creación para finalizar el nuevo proyecto I.Bck, o llevarlo a un campo abierto donde la visibilidad de mis escritos sea de mayor amplitud, con el fin de expandir mi palabra, sin importar el núcleo o las diferencias que se nos imponen. Me dirijo a ustedes, para agradecer la oportunidad de hacer oír lo que añoraba hablar y detesté callar.

Jenya I.Bck

martes, 7 de septiembre de 2010

EL UMBRAL Y LOS OLVIDADOS.


El umbral y los olvidados:

Aquel hospital, ese lugar putrefacto donde hay más muertos que vivos, en ese lugar donde el cartero ya no llegaba con las cartas, para evitar un viaje en vano, tal vez el destinatario no se encontrara, ni siquiera un poco vivo para recibir la correspondencia.

En el pabellón número tres, ``umbral´´ como así le decían las enfermeras con ese humor negro característico de ellas, que les retorcía las narices tornándoselas aguileñas. El ``Umbral´´de los que estaban limpiándose los pies en el felpudo que decía
``welcome´´para entrar a la última dimensión de la vida, ``el cielo´´o la ``vida eterna´´o para los condenados, penitenciarios de la mala fe, de los escépticos que vivían incansablemente cuestionándose acerca del orden establecido por el conformismo como Nicolás, les esperaba algo totalmente diferente, a pesar de la vida agonizante que era más sagaz que un andén al infierno.

Nicolás era torturado por las enfermeras, excluido de ver su calendario para restar horas menos de aquel dolor indomable, querían volverlo loco, querían sumarlo a la esa falta de lucidez para corroborar la afirmación de su falta de sentido común en todas sus ideas, nadie quería un cambio y menos sugerencias en aquel hospital, donde la costumbre era más fuerte que la necesidad del progreso.

Nicolás decía genuinamente que los únicos que perduraban en la vida eran los locos y en la vida después de la muerte; a través de los libros de historia que quienes los estudiaban los revivían hasta con su dolor. Pobre hombre, era su único aliento, la morfina de su sufrimiento, por cada vez que lo quemaban vivo en una hoguera de acusaciones.

Aparte de la falta de cordura, la psicosis de llegar a enfermarse tanto, de la mente que ésta pudiera ejercer libremente sin su cuerpo; ni siquiera el alma importar, solo una idea vagando por el umbral, deslizándose suavemente a las masas, tratando de encaminar a los vivos a su ancla para hundirse o a su barco a a deriva inclusive a esa muerte dolorosa, donde nadie recordaría su nombre más que hazañas que plagiarían en beneficio ajeno a la realidad de Nicolás.

La única tormenta que podía estremecerlo, más que la oscuridad a un infante y más que la guerra a un pueblo caído, era comprobar cuan insignificante era, que al cruzar el ``umbral´´fuera más transcendente.

Si llegara pronto ese día que la vida le soltara la mano, podrían tocar Dies Irae, porque el día de la ira haría ensordecedor aquellos que fueron olvidados en vida para acordarse cuando ya no estaban presentes para decir su última palabra.

Nicolás hacía girar una sombría idea que le hacía eterno su camino hacia el fin, caminando descalzo hacia un único sendero, que recorremos todos, la meta donde esa sibarita muerte le tendía la mano sin darle un suspiro después de un recorrido que levantaba heridas en los talones. Su legado no había sido valorado, su ideología considerada descabellada, su sacrificio no lo suficientemente polémico para ser declarado mártir del Siglo XXI, donde todos seguimos sin mostrar inicio alguno de admiración, temor o respeto. Nicolás ni siquiera le llegaba a la suela de un pintor mediocre, cuya obra adquiría mayor valor monetario una vez convertido en abono para las plantas, inclusive menos que un transeúnte simple y común mexicano cuya muerte era recompensada a sus familiares con unos miserables 80.000 pesos mexicanos.

Nicolás no estaba loco, estaba tan cerca de la muerte que podía ver más allá de lo común, quitarse la venda de los ojos era señal del fin del camino, de un mundo de cuerdos, donde los que partían adquirían conciencia de la nula relevancia de las personas.

Pero como Borges decía ``Yo no hablo ni de venganzas ni de perdones, la única venganza y perdón es el olvido´´Nicolás sería perdonado de muerto por su infame y grotesca verdad cara a la humanidad, y vengado en una simple curiosidad en la esquina de una página de la historia. Nadie recordaría su nombre.


J.I.Bck

1 comentario:

Estimado lector, gracias por su tiempo y colaboración.
Un cordial saludo
Jenya I.Bck

Dear reader, thanks for your time and collaboration.
Greetings
Jenya I.Bck