
Por hastío marinero a la mar parte.
A la mar, un hombre cansado partía
con las olas rompiendo en su pasado
miraba los barcos sin anclar
mientras su mentira dormía.
A la deriva sin viento a un costado
a solas con la fragilidad de desear.
La niebla se impregnaba en los cristales,
la angustia veía a través, un mar picado.
Su amor el atlántico cruzaría,
desconociendo sirenas y tempestades.
Ella lloraba, con el corazón desgarrado
Su marino, no volvería, prefería una última sinfonía.

"a solas con la fragilidad de desear.
ResponderEliminarLa niebla se impregnaba en los cristales,
la angustia veía a través, un mar picado."
¡Wow! El amor se me ha aparecido muchas veces como la lucha entre el ver y el no ver, el sentir y el hacerme al fuerte. Pero soy de carne, no de acero: sucumbo al deseo... y a pesar de eso, amar sigue siendo un debate entre ver y hacerme al de la vista gorda.
¿Qué cosas no?
Me recordaste a un poema de Gibrán Jalil Gibrán que dice:
"Vuestra alma es a menudo campo de batalla
en el que vuestra razón y vuestro juicio combaten contra vuestra pasión y vuestros apetitos (...) La razón y la pasíon son el timón y las velas de vuestra alma navegante.
Si vuestras velas o vuestro timón se rompen, no podríais sino flotar a la deriva, o quedar inmóviles en la inmensidad del mar.
Porque si la razón gobierna sola es una fuerza que limita; y la pasión desgobernada es una llama que arde hasta su propia destrucción (...)".
En conclusión: echa a volar la razón, a la vez que echas a volar al corazón.
Me gustó mucho éste poema. Síguele!