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A mis queridos lectores:
Después de una larga creación para finalizar el nuevo proyecto I.Bck, o llevarlo a un campo abierto donde la visibilidad de mis escritos sea de mayor amplitud, con el fin de expandir mi palabra, sin importar el núcleo o las diferencias que se nos imponen. Me dirijo a ustedes, para agradecer la oportunidad de hacer oír lo que añoraba hablar y detesté callar.
Jenya I.Bck
Dejando enfriar el té.

Mis queridos lectores:
No podría contar las veces en las que he sido víctima de la curiosidad por un prójimo afectado, no obstante procuro remediar el instinto de meterme en lo que no me llaman con obras de caridad o una pequeña ayuda a ese prójimo de los que nos ha hablado Jesucristo mediante su palabra a través de todos los siglos y las misas en las que hemos estado presentes como cristianos y católicos, desconozco el panorama en otras religiones, no obstante tengo la seguridad que el medio en el que se desarrollan susodichas, es precisamente en el bienestar común a través de los sacrificios individuales por una comunidad o un único sujeto que no siempre tenemos que conocer su existencia.
Me hallaba en la terraza de una cafetería cuyo nombre no será necesario mencionar, para evitar convertir en un museo o escena cinematográfica ,en caso de que alcance una fama después de algún sujeto escribir mis memorias, en la que aparecería ese local en algún capítulo de mi biografía póstuma. No le daremos negocio al bar no obstante relataré la escena principal que nos interesa.
Mientras servía mi segundo té verde de la tarde, observaba el jaurío adolescente sentado justo a mi derecha, alrededor de seis personas, mayoritariamente chicas... sorbo a sorbo esperaba a una vieja amiga que la lluvia impedía el libre tránsito por las calles, a pesar de llevar un paraguas pequeño no lograba escabullirse por la multitud con sus sombrillas. Cuando finalmente se encontraba junto a mi, ambas pudimos ver como una de las clientas ofrecía su silla a una joven salida de un centro de menores tal como ella me confirmó, para estirar sus gordas piernas.
Tal vez el morbo incitó una ayuda al prójimo, me apresuré a observar los síntomas de la joven mareada. Sus palpitaciones crecían simulando ataques de corazón su cabeza pesaba casi tanto como su barriga, me atreví a brindar ayuda a un desconocido que tenía básicamente ataques nerviosos de agresividad.
Finalmente mi ayuda como médico dejaba mucho que desear, recomendé a sus acompañantes llamar a una ambulancia antes de que le diera un paro cardiaco , así llegando susodicha para prestar auxilio a la mujercita de dieciséis años que resultó ser un mal viaje después de fumarse unos cuantos cigarros de marihuana.
Uno de los que estaba en la mesa había tomado una foto muy profesional a la desmayada, se la hubiera pedido para hacer mi artículo un poco más periodístico, para incitar a la juventud con buenas obras aunque fueran unos inútiles.
Mis queridos lectores después de mi anécdota quería relacionar el sacrificio de dejar mi té frío que realmente no supone ningún gasto económico ni de salud para ejercitar la buena fe, con un sacrificio de palabras mayores.
En ocasiones la familia desempeña un papel importante en una relación de pareja estable, las madres principalmente desarrollan el papel principal en los romances de sus hijos. Más de una vez susodichos se encuentran atrapados por una serie de perjuicios que impiden la verdadera libertad de optar por tomar el camino del sacrificio por ese amante, compañero, novio como prefieran llamarle, por el bienestar familiar de la ``justa herencia´´, de la ``justa aprobación´´ por parte de sus progenitores. El sacrificio de renunciar a todo lo que crees y ves por ese amor verdadero y en ocasiones poco sensato debido a el cariño sin frontera alguna, ni fin en ese bosque, donde nunca alcanzas a ver el último árbol, lo mismo pasa mis queridos amigos en el amor sacrificado, donde tu nombre, tu apellido, tus orígenes y tu familia juegan un papel importante cuando decides no renunciar a ese alguien que en su tiempo dejó enfriar el té por tu cariño y respeto.
Así tal cual parece todo muy relacionado, las mujeres generalmente dejan su apellido paterno para adoptar el de su marido porque inconscientemente estás renunciando a tu familia para crear una nueva, donde dos ingenuos se mueven por el mundo buscando esas piezas que faltan para conocer el secreto de crear un matrimonio unido, un hogar. Las mujeres abandonan sus hogares para formar el primero, de la mano de su marido, sacrificando el seno de una familia formada, pero honradamente, con la bendición de los suyos.
¿Qué pasa con quienes no reciben la bendición? ¿Tendrán que dejar enfriar su té, sacrificándose sin la bendición para ser felices con quien dejó su té en un momento?
¿Es justo?¿Merecen pues ser castigadas con la desaprobación y el rechazo paterno o materno?
Estimados míos, espero no haber sido la causa de su té frío, y de serlo ojalá pudiera haberlos compensado, después de leer la publicación Dejando enfriar el té.
PD: ¿Dejarías enfríar tu té para socorrer a alguien que desconoces? si el lector ha respondido afirmativo solicito respuesta a una pregunta más compleja...¿Pasarías frío tú, por amor?.
Jenya I.Bck
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Estimado lector, gracias por su tiempo y colaboración.
Un cordial saludo
Jenya I.Bck
Dear reader, thanks for your time and collaboration.
Greetings
Jenya I.Bck