A mis queridos lectores:


Después de una larga creación para finalizar el nuevo proyecto I.Bck, o llevarlo a un campo abierto donde la visibilidad de mis escritos sea de mayor amplitud, con el fin de expandir mi palabra, sin importar el núcleo o las diferencias que se nos imponen. Me dirijo a ustedes, para agradecer la oportunidad de hacer oír lo que añoraba hablar y detesté callar.

Jenya I.Bck

miércoles, 6 de enero de 2010

Jaquecas


Con la mente en blanco, ningún tema definido en este momento ronda por mi mente, no obstante la inquietud me obliga a permanecer frente a un teclado que responde automáticamente a cualquiera de mis movimientos y pensamientos.

Llevo exactamente desde el 20 de diciembre en mi tierra natal, una Galicia cabizbaja, sometido su verdadero encanto a un desprecio irrefutable que se respira en su población, la gente como todos los rincones, despiden un olor desagradable que jamás terminará de tolerar mi olfato, predominando la suciedad, el rancio y lo viejo, así curiosamente lo más peculiar, a merda de can ou cans, o que prefirais pero en resumidas é merda que rebosa polas rúas. Hasta el día de hoy una ola inexplicable de jaquecas que me impiden salir a respirar a la calle por el ruido generado por núcleos pequeños que gritan para simular una gran ciudad,ni siquiera en casa el alivio predomina, la calefacción a su máxima potencia, no vaya ser el frío invierno que se lleve a los ancianos de este edificio, el ruido del ascensor los pasos que jamás percibí llegan desde pisos más arriba para irritar mi frágil paz.

El insomnio tomó un papel protagonista en las supuestas vacaciones, donde llegaban las cinco de la mañana y el sueño intacto, ausente y perdido.

Quien sabe en que lugar y momento abandoné susodicho, no recuerdo en que lugar quedó, si en sus brazos o en mi cama de mi casa, de la casa grande, del Imperio de mi madre, quien sabe donde estará el sueño, mi sueño perdido.

Y sin mi sueño, tan eternas las mañanas e infinitas las noches, imposibles de acabar, mientras la aguja del reloj solo cuenta los minutos y no las horas. Y así permanezco frente al grueso cristal de mi ventana, esperando ver el amanecer, ni siquiera éste parece el consuelo de pasar las noches en vela. Un amanecer gris, como la mañana, tal vez más fúnebre y aparentemente silencioso, frente a la oscura tarde y húmeda y negra noche.

Los viejos faroles alumbrando zonas que deberían permanecer sin luz, para no verlas y decir que cada mañana durante diecisiete años tuve que ver hacia esa triste acera, como si fuera mi horizonte y mi camino hacia el futuro, así de frente la humedad trazaba un neblinoso lugar, donde todo era gris, ni blanco ni negro, solamente indiferente. Caminar hacia la escuela, donde sus patios, eran un eco lejano del aleteo de unas palomas grises que defecaban en todos los rincones.

Un hermoso parque opacado por las juventudes, donde de lunes a a domingo ni siquiera los festivos podrían salvar sus losetas de cientos de cáscaras de pipas amontonadas...esos chavales donde sus vestimentas decían casi todo, y ahorraban así un ruido para evitar mis jaquecas, mis dolorosas jaquecas cargadas de recuerdos vagos y borrosos pero insistentes cuando salgo del aeropuerto de Santiago. Esas agrupaciones estudiantiles vagas donde lo próspero brillaba por su ausencia, así esas amistades entre ellos, como un clan de simios, sacando y publicando cierto número de pulgas.

Los piojos que azotaban las aulas por los meses de otoño, manteniendo al tanto a unos padres que pensaban que el jabón lagarto lo mata todo... mis jaquecas, permanecen furiosas todavía en este instante, donde el sueño sabemos que seguirá sin llegar hasta partir de mi tierra natal.

Las aceras ourensanas tan grises como las mañanas, tal vez las lluvias disimulen el verdadero color de la indiferencia, de lo que no es ni blanco ni negro, con la multitud de paraguas de colores feos, no veo paraguas bonitos desde el balcón. de cuando en vez alguna loca corriendo que huye, de todos los demás, atropellando a todos los parásitos que se encuentra por delante y siento lástima no poder escuchar que la loca que corre podría pararse a escuchar que yo también estoy inconforme con la gente que provoca mis jaquecas, pero no porque la loca corre corre y simula no parar...y así una loca que podría comprender mi incomprensión por Galicia y su sociedad, por sus grises y fúnebres mañanas, por su gente que despide olores intolerables, pero la loca corre y corre y nunca me escuchará.

¿Quién será la loca que corre de aquí a allá, sin respetar los semáforos por donde quiera que va? Galicia es redondo un círculo y un ciclo vicioso del que nadie saldrá, ni han salido ni aquí ni allá.


Jenya I.Bck

1 comentario:

  1. Entiendo y comparto algunos de tus pensamientos, me gusta la manera en que le das textura y tono a las palabras, bello, seguiré leyéndo.

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Estimado lector, gracias por su tiempo y colaboración.
Un cordial saludo
Jenya I.Bck

Dear reader, thanks for your time and collaboration.
Greetings
Jenya I.Bck