
El estéreo:
Como siempre mis muy queridos lectores, me atrevo a personalizar los sentimientos tal vez de forma simple ordinaria y común pero jamás lejos de ser lo que me revuelve el alma con síntomas de vértigo, pero en este momento los materializaré para estar al corriente de un siglo que va más rápido que yo, mientras permanezco estancada en la turbulencia de los siglos pasados, sin ánimo alguno de pertenecer al ``progresismo´´del estallido del cañón más grande de la historia que ha derrumbado a la cultura, al arte y a la literatura pero sobre todo al hombre.
Después de esta breve introducción quisiera atribuir el término mediocre a la redacción posterior, dejando a ustedes una libre actitud irrisoria para aquellos que únicamente viven de pura falacia ad populum, quiero decir esto porque en medio de este camino los lectores o oyentes que se emocionan son a causa de argumentos políticos absurdos, incoherentes pero nada más por llegar a la última gota de la botella ,después de tanto brebaje, que parecía no acabarse nunca ,para llegar a la culminación de las sandeces enumeradas y revisadas por unos no menos imbéciles que quien pronuncia, se cita lo que tanto esperaba el pueblo, aquello que les hizo gritar ¡viva!,¡viva!, aquella última gota de la botella que hizo saltar al que no parecía emborracharse con la falaz etiqueta que aseguraba un climax perfecto, pero al final todos gritais ¡viva!, ¡viva!, porque lo que importan son los sentimientos y eso que nos hace vivir con desenfreno sin pensar cuan absurdo es el comienzo, cuan incoherente resulta su origen, lo primordial es lo que despierta aunque nos oriente a la perdición.
Mi adorada madre en estas ofertas favorables de las grandes cadenas de comercio, encontró un estéreo maravilloso que se escuchaba todo lo que se colocaba en sus distintos compartimentos, de una forma natural, al igual que un concierto, descartándose los ruidos y molestias que se entrometiesen en dicha audición. Un disco de música clásica, con varios autores como Debussy, Tsaikowsi, Mozart... entre otros, fue la elección adecuada para estas tardes recientes de lluvia inagotable, consolando la paz abrumadora que como siempre hacía cuestionarme de todo,de esa forma maniaca que me caracteriza, así escuchando a estos genios musicales mi mente como rara vez no acostumbra, comencé a colocar cada una de mis preocupaciones de una forma espontánea en el estéreo, reproduciéndose la agonía tan palpable como la música que se saboreaba en el ambiente, quedándome mal sabor de boca con ese invento. El estéreo era la puerta abierta que me invitaba a cruzar y a cerrarla para tragarme la llave, sin poder salir de ahí para podrirme en el lado perverso de la música que sujetaba mis pies a través de unas botas que jamás podría levantar de lo pesado que eran los pies de plomo con los que me adentraba a ese dolor que se materializaba con el maldito estéreo.
Soy consciente de que si no existiera una última melodía del disco de música clásica no estaría escribiendo en este instante porque mi cuerpo ya desde hace unas horas estaría desglosándose y nadie se hubiera percatado de la música pereció como la literatura se volvía polvo y ceniza.



