A mis queridos lectores:


Después de una larga creación para finalizar el nuevo proyecto I.Bck, o llevarlo a un campo abierto donde la visibilidad de mis escritos sea de mayor amplitud, con el fin de expandir mi palabra, sin importar el núcleo o las diferencias que se nos imponen. Me dirijo a ustedes, para agradecer la oportunidad de hacer oír lo que añoraba hablar y detesté callar.

Jenya I.Bck

viernes, 19 de febrero de 2010

El sueño


No fue más que un sueño, en el que tu carita regocijada por las lágrimas de un miedo que jamás aprecié en ti, de un miedo inconcebible, pues no era más que un sueño.

Me desperté, no quería ver humedecidas tus mejillas frente a unos barrotes blancos que mataban la inocencia de las sillas de mimbre sobre las que estabas ¡ y que cobarde me sentí que ni siquiera en el miedo de una pesadilla pude haberme enfrentado a tu tristeza!, pero más que tu angustia, era mi miedo en carne y hueso, decirme que algo había llegado a su fin, algo irreal, unas palabras que no se habían presentado en toda mi vida contigo, ni en los sueños que apareces como siempre, como en verdad eres cuando te evades de la esfera terrestre, mirando hacia el frente concentrado, mientras tus rizos sin haber sido previamente peinados se vuelven una nube con la ventanilla abierta del coche.

Así con tu seriedad triunfante que somete a mi carácter y me obsequia el sueño, el dulce sueño que lleva mi cara a tu pierna rígida derecha, protegiéndome esa mano grande de un posible golpe. Sabes mi querido Luzbel que aunque me castigase la ley de tránsito, podría terminar arruinada y posiblemente a cadena perpetua, porque no podría haber ni un triste sueño que me hiciera despertar a la causa de no haber un mañana en el que no tuviera de la esperanza de que por muchos días que falten, no haber la siguiente vez que me recueste sobre tus muslos.

Traté de recuperar el sueño perdido, buscándote inútilmente entre estaciones de tren vacías, regresando al lugar de barrotes blancos, ya no estabas a un lado de la silla de mimbre con la cabeza cabizbaja mientras te sostenías las rodillas, no pude consolarte por el miedo atroz, no obstante para cuando hube recapacitado ya no estabas allí en aquel sueño. Dieron las nueve de la mañana mientras mi madre trataba de despertarme, cayendo nuevamente en un sueño blanco donde no había ni dolor, llanto e impotencia.

Para cuando hube despertado no mucho después salí a la calle con los sentidos a flor de piel, por si el sueño no había sido más que un sueño, quería una prueba física de ti, que se aproximara a dejarme con la certeza de que anoche habías estado cerca de mi, aún sabiendo que estabas a la izquierda del atlántico, mi olfato me volvía a traicionar, una y otra vez los olores que impregnabas desde el primer día que supe de ti. Mi querido Luzbel ya había marcado un territorio como los animales macho, con los olores, los cuales las hembras identifican rápidamente.

No podría decir que mi memoria auditiva sea excelente, no obstante a pesar de que estas dos semanas interminables pareciesen años capaces de borrar todas tus huellas, puedo distinguir cuando la persona que amo respira a mi lado. En esta guerra de los sentidos donde dos formaron un dueto, ni tan dueto debito a su enfrentamiento, el oído capaz de distinguir tus respiros, y mi olfato superior al hombre.

A ti Luzbel, mi bien, mi querer y motivación.

Jenya I.Bck

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