
En más de una ocasión las personas damos por hechas miles de cosas, sin darnos cuenta que hasta nuestras decisiones no dependen del todo de nosotros, siempre hay motivos que nos empujan a decantarnos por aquello y no por lo otro. Pero si en nuestras propias decisiones no solo ejerce nuestra voluntad como factor determinante, ¿cómo es posible que podamos tener por cierto ,movimientos que no nos pertenecen y posiblemente no estemos al control de ellos o ni siquiera podamos presumir de ser una motivación por muy pequeña que sea para que eso concluya como esperábamos o queríamos?.
Algún célebre ilusionista se atrevió a crear esperanzas en desesperanzados y heridos con ``Dicen que el tiempo lo cura todo´´. Posteriormente aquellos bienaventurados sin bastón en el que apoyarse tomaron esta frase como su analgésico, tachando los días del calendario y sintiendo el segundero del reloj dentro de ellos, cada momento sería menos doloroso. Pero...todos sabemos que el tiempo no cura nada, las heridas se vuelven cicatrices que corren el riesgo de abrirse, la diferencia es que después de la alegría tenemos el corazón lleno de agua vivo, que al primer golpe se agita dejando caer la humedad hasta deshidratarse, la razón de porque creen que se sienten mejor después de un tiempo es porque ignoran por completo que no tienen más lagrimas que dar, hasta que alguien los vuelva hacer felices, dando vida y agua. Es la humedad la que nos mata no el agua.
Inconscientemente, cada vez que te das cuenta de que quieres a alguien con locura, más de una vez uno se confunde por razones y momentos más o menos vulnerables, ignorando por completo cuando empiezas a sentirte tan bien por ese crecimiento que se palpa en ese adentro, esos acelerones, esa velocidad ese sonido rítmico producido por algo que no son hormonas, si no neuronas, se vuelven locas disfrutando esa adrenalina peligrosa por cada vez que te duele la conciencia, que te remuerde el corazón y no soportas hacerlo. Pero os voy a confesar un secreto, te duelen esas emociones porque las sientes graves, son graves no por ese hecho, si no porque son inolvidables. Porque me acostaré todos los días dándole vueltas mientras tejeré las vendas, las vendas de gasa que irritan, esas que van a ir pegadas al corazón sujetándolo fuerte, comprimiéndolo para que esos sentimientos tan grandes no se vuelvan de la dimensión del mundo entero, porque de llegarlo a querer así, no estaría escribiendo esto, posiblemente suplicando por mi vida en mis últimos segundos. Por eso, tejo mis vendas, las tejo, las tejo y las tejo hasta caer dormida.

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Jenya I.Bck
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