
En realidad mis queridos lectores no tengo ningún tema en mente que plasmar el día de hoy, mas no obstante creeré que son el espejo de mi Toilet que me permitirá escribir como hablar.
El día 28 de Julio, entré en la Universidad Anahuac México del norte, a la facultad de derecho, no vi ninguna persona conocida, solo conocía mi ansiedad porque ni a mi misma en ese entonces me conocía, solo de vista, de repente, me resultaba vagamente conocida en los momentos que me veía en el espejo, en los reflejos de los cristales, ese rostro que tuvo los ojos rojos, la nariz hinchada, o la imperfecciones que mostraba esa parte de mi.
Recuerdo que había dos personas sentadas adelante de mi, un poco a la derecha, podía apreciar que se estaban divirtiendo del que impartía la bienvenida a los novatos de nuevo ingreso ,o estaban muy emocionados por ingresar en la carrera, mas con el tiempo pude descubrir que era la primera opción. La falta de seriedad de ambos picó mi curiosidad, traté de no ver más. No podía oir la voz de ninguno de los dos, pero me atreví a poner la mano en el fuego y jurar que uno era judío por sus rasgos y un poco excéntrico, un judío con un arete en la oreja, era la primera vez, a su lado estaba otro chico pero no tenía ni lo más mínimo de judío. Tenía el pelo muy rizado, unos chinos completamente cerrados, ¿que tendrían que ver el uno con el otro? que personajes tan peculiares. Tanto que no presté atención a los cuerpos hieráticos y serios que nos recibían. Hasta la hora del debate que me centré , recuerdo perfectamente los argumentos sólidos y menos sólidos de cada uno a la hora de exponer las ideas, tres personas en cada polo.
No volví a ver a esos sujetos hasta la hora de meter materias, el que asemejaba ser judío resultó hasta ser paisano de mi tierra natal, el otro joven resultó ser mi mejor amigo por ese año, siendo mi hombro y mi consuelo en mi desesperación, se fue de la carrera, pero seguimos hablando ... cada vez que llamaba a la mitad de la conversación soltaba un suspiro y decía, parece que nos hemos visto ayer, cuando habían pasado hasta cuatro meses sin recibir ninguna llamada por parte de ambos.
Una amistad sólida, sin saber su cumpleaños, sin saber alguna característica de su familia mas que orígenes italianos fuertes, llegó después de seis meses el 15 de septiembre del 2009, el beso que quise darle el último día que nos habíamos visto, no se lo di hasta el día de la independencia después de tres tequilas que me cayeron muy pesados. Me despedí del cerrando la puerta del garaje suponiendo que ya no sabría más de el, pues ya el joven había declarado que no marcaba a sus besos al día siguiente se alejaba de ellas para no volver. No obstante el 16 de septiembre marcó muchas veces, no obtuvo respuesta mi orgullo estaba antes que él. Apareció a la ocho de la noche en mi puerta después de tanto insistir, le abrí la puerta suplicándole no mencionarme el beso de la noche anterior, y gracias a mi Dios y al suyo que regresó. Entabló una profunda amistad con mi madre, cosa que ella no acostumbraba, y fueron noches y momentos espontáneos que juraba que no sentía nada por mi pero si me devolvía los besos.
Empecé a saber su verdadera identidad a partir del 16 hasta el día de hoy, solo sabía anteriormente que estaba protegida y que su amistad era incondicional. No tenía argumentos para mostrar que ese sentimiento era cierto, sin embargo así lo sentía y siento.
Besos fugitivos, botellas de vino blanco, acabó en una promesa eterna en la lealtad. Un inesperado día confesó que esos sentimientos habían brotado anteriormente, mas su miedo le impedía decirlo. Su miedo no era mi partida, o mi pérdida de amor por parte de él. Era el temor de que yo perdiera mi vida, por circunstancias, mucho mas trascendentales, al ser humano, de una fuerte concepción de la vida y de la muerte.
Mi amado Luzbel, que invoca a la muerte, que quita la vida y no la da, porque mi Dios, le quitó esa facultad, su condena que va perdiendo el amor de todos los seres que ama, que le dejan huella como dijo él. El castigo de mi Dios, de mi Santa Iglesia Católica de mi amada fe por la Santísima Trinidad ha castigado a un ser humano, robándole lo que ha querido. Y mi pobre Luzbel, viviendo en suma frialdad para no matar, para que nadie se fuera a los brazos de su enemigo, mi adorado Luzbel que se alejaba por si mi alma mi cuerpo se separaban, mi sufrido Luzbel que perdió la voluntad de alejarse de mi. Ese dulce Luzbel castigado de Dios, veinticuatro horas al día para mi, para asegurarse de que sigue latiendo mi corazón y mi respiración siga siendo fuerte. Mi amado Luzbel que desea dormir conmigo por que sabe que en mi sueño Dios, puede llevarme Luzbel no me dejará pero sabe que pertenezco a nuestro señor Jesucristo, no obstante Luzbel sigue firme, vela, y no descansa, Luzbel ama y mata.
Pero queridos míos, el día que yo muera fue porque alguien me amó hasta trascender mi alma a otra dimensión.
Luzbel y la muerte
Jenya I.Bck

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